sábado, 12 de junio de 2010
Soy mi peor enemiga.
domingo, 30 de mayo de 2010
Clínica estética.
Ahora que la máxima “me reducen el sueldo un 5%, gasto un 50% menos” se ha impuesto tácitamente entre el colectivo funcionarial, yo he decidido darme un capricho que en euros equivale a todos mis ahorros anuales. Nadando a contracorriente, como siempre.
¿Y en qué consiste ese caprichito?, pues... no se lo contéis a nadie pero... es un tratamiento de belleza. Ea, ya está, ya lo he dicho.
Una vez que decido hacérmelo paso a la fase obligatoria de consultar los foros de internet al respecto. (Señor Tim Berners-Lee ¡como ha influido su invento en nuestras vidas!). Y ahora es donde viene el caos, infinitas opiniones, innumerables tratamientos y establecimientos dedicados al tema. Y de diferencias de precio mejor no hablar.
Después de buscar y buscar decido evitar chollos y gangas y me decanto por seguir el tratamiento en una clínica de cirugía estética, por aquello de que son médicos y bla, bla, bla. Aclaro que no se trata de una operación estética, sino que es algo mucho más sencillo pero la seguridad ante todo.
Así que allí me planto yo, con mi cara de cansancio después del día de trabajo (que sí, que algunos hasta trabajamos).
Lo primero que veo es a un grupo de recepcionistas/enfermeras perfectamente peinadas, maquilladas, con las curvas perfectas y todo en su sitio y con el tamaño adecuado. “Menos mal que no hay un espejo en recepción” pensé, porque si no salgo corriendo para esconderme debajo de la cama y no salir nunca más. En esos pensamientos andaba yo cuando se acerca la recepcionista y me mira de arriba abajo, como pensando en la cantidad de intervenciones y tratamientos que estoy pidiendo a gritos. Cuando le digo a lo que vengo se sorprende (ya he dicho que es un tratamiento sencillo que lo hacen hasta en las peluquerías). Un poco más y me hace una lista de sugerencias para mejorar mi imagen. Me vuelven a entrar tentaciones de salir huyendo.
Mientras espero en la sala de “desesperación” (me ponen de los nervios las salitas esas) me dedico a mirar los folletos que tienen (nada de revistas del cuore ni cosas así). Aluciné con la cantidad de tratamientos que existen para todo tipo de ¿imperfecciones?. Y como todo lo malo se pega, según va entrando gente me dedico a imaginar que tipo de tratamiento extraño y carísimo se estará haciendo esa señora de ahí y la de allá.
En fin, todo este rollo para preguntar el por qué de tanta obsesión con la belleza y la perfección, si al final todas (y todos) parecen calcos de los demás.
La semana que viene empiezo mi tratamiento (vale, ya digo lo que es: depilación láser). Espero no salir con tres tetas y botox en las orejas.
sábado, 11 de julio de 2009
Señales.
Una de las cosas que tengo claras en el tema de las relaciones personales es, que, o bien no me entero de cómo funciona eso del intercambio de señales, o bien las envío de forma equivocada.
Veamos:
Si una tarde, por casualidad, un conocido (que ni siquiera amigo) me llama para tomar un café porque está cerca de mi casa y yo acepto, no hay nada para leer entre líneas, simplemente somos dos personas que se juntan para charlar un rato.
Ahora bien, si el hecho de pasar por el barrio de casualidad se convierte en una costumbre cotidiana que me obliga a aumentar mi dosis de cafeína, la cosa empieza a ser “rara”, sobre todo si vives en la otra punta de la ciudad.
Si tras dos o tres cafés confirmo lo que siempre sospeché, que el conocido es muy buena persona y bla bla bla, pero que no tenemos nada en común, vamos, que me aburro y se empiezan a agotar todos mis posibles temas de conversación, la obligada cita semanal se convierte en un auténtico coñazo.
A pesar de todo, como una al fin de cuentas es muy sufrida y con un sentimiento de culpabilidad a prueba de bomba, decido seguir cumpliendo con mi penitencia, pero no dejo de preguntarme a santo de qué le ha dado a este tío por quedar tanto, cuando llevábamos bastante tiempo sin ningún tipo de contacto.
Pero todo tiene un límite y el aburrimiento ya me consume, así que mando el sentimiento de culpabilidad a la porra y comienzo con las excuasas: que si ya he quedado con mi amiga tal (aquí no estuve fina, tendría que haber quedado con un amigo, a lo mejor así pillaba mejor la indirecta, ja ja), que si tengo que estudiar, que si están mis tíos de visita... En fin, de todo un poco. Hasta evito contestar el teléfono.
Tras un mes de evasivas, el interfecto sigue insistiendo semanalmente. Y ya es aquí donde yo me pregunto acerca de qué clase de señales estoy mandando, ¿no es evidente que paso del tema?, ¿por qué tanta insistencia?.
¿Alguien sabe una excusa infalible pero que no sea cruel?.
sábado, 20 de junio de 2009
Por fin he vuelto.
Bueno, pues después de tanto tiempo, al fin he conseguido volver.
Ha sido una odisea el recuperar el nombre de usuario con su clave correcta, y es una lástima que, por motivos obvios, no os pueda contar cual era la cuenta de email y contraseña que estaba utilizando para este blog y que por fin conseguí recordar, porque muestra los líos que tengo en la cabeza mejor que una radiografía, ja ja.
A todo esto, aún tengo que recordar la contraseña de la web de donde saco las fotos, pero bueno eso ya es secundario. Espero que cuando publique el post ya tenga alguna imagen de acompañamiento.
¿Qué ha sido de mí en este tiempo?, nada especial, suspendí las oposiciones en el último examen, algo así como perder el partido de la final de la Champions esa por un gol a falta de menos de un minuto para el final. Por supuesto eso me dejó K.O. por un tiempo, pero aquí estoy de nuevo en la lucha, a ver que pasa esta vez.
Además he estado un poco pachucha, nada grave, pero para alguien que nunca está enferma, eso de tener que hacerse controles periódicos y tomar medicación es un castigo. Menos mal que ya me he recuperado, a falta de un último análisis.
Y estos casi 10 meses de desaparición no han dado para nada más interesante, o al menos que se pueda contar, je je.
jueves, 11 de septiembre de 2008
Sin vida
El opositor es un ser solitario, a la fuerza, incomprendido y a veces hasta digno de lástima por aquellos que le rodean. Pero de repente, aprueba su oposición y entonces ve como se convierte en el punto de mira de las envidias de amigos, vecinos y familia.
Ainss, que experiencia tan emocionante............... cuando apruebe (otra vez).
Por cierto, que mis temas no se parecen en nada a los de la foto, sobre todo en el blanco inmaculado, je je.
domingo, 6 de julio de 2008
Me siento Carrie La de la peli de terror, no la de Sexo en Nueva York)
Bueno, pues ahí sentí una de las mayores humillaciones de mi vida: había un tío (gay, así que no hay que no se trata de una especie retorcida de tensión sexual) que se tiró toda la noche lazándome puyitas a las que yo no daba importancia, hasta que de repente, delante de todo el mundo y dirigido a mí, hizo un comentario vejatorio y grosero hacia mi persona que debió parecer de lo más divertido, porque todos los presentes me miraron y se rieron, pero en plan salvaje y yo lo único que quería era desaparecer de ahí, pero claro, ¿qué haces en esa situación?, pues hacerme la tonta, como que la cosa no iba conmigo, pero deseando que me tragara la tierra.
Me venía a la cabeza la escena de la película Carrie que os he puesto más arriba, siempre me ha parecido que refleja a la perfección la sensación de injusta humillación pública, y yo casi me sentía igual que Sissy Spacek, lástima de poderes psíquicos, ja ja.
Lo malo es que ese maldito comentario, hecho con toda la intención de dañar, cumplió su cometido, el resto de la noche lo pasé muy incómoda y con ganas de salir corriendo, pero había que mantener el tipo hasta el final. Menos mal que el muy cabrón tenía que ausentarse durante unas horitas para ir a otra fiesta y pude respirar por un tiempo, y antes de que volviera me largué.
Parece mentira que entre gente con “estudios” y se supone que ya con una edad, se den este tipo de comportamientos de adolescentes de instituto; desde luego, yo nunca me había visto en una situación así, de repente me sentí como una niñata insegura, uff.
Vale, ya sé que parte del problema es mío, por ser una persona insegura, pero caray, no está bien alimentarse de las inseguridades de los demás.
Menos mal que no tendré que coincidir nunca más con estas personas, no vale la pena.
A veces odio esta ciudad y echo de menos a Dorian y a los viejos tiempos, aquellos que ya pasaron y nunca volverán.
Voy a investigar en internet técnicas de vudú, quien sabe, a lo mejor sí tengo poderes psíquicos, ja ja ja.