A pesar del riesgo de ser tachada de poco original, ahí va una confesión: odio las bodas.
El hecho de que tal repelús sea compartido por una gran mayoría de la gente no hace que el sarpullido que me sale sólo al pensar en ello sea menor. Es tal mi aversión que, si pudiera, evitaría hasta la mía propia; no sé por qué me da en la nariz que nunca "pasaré por la vicaría".
Sobre mi tranquila existencia pendía la sombra de tal celebración por parte de un familiar (una, para ser exactos), con el siguiente temor por mi parte de ser invitada a tal sufrimiento. Para más inri, la "afortunada" en cuestión no me es precisamente muy grata, y creo que el sentimiento es mutuo, pero, como en mi familia somos todos unos hipócritas, me temo que ni siquiera el hecho de gritarlo a los cuatro vientos me hubiera librado de asistir.
Sin embargo, ilusa de mí, pensé que el hecho de haberme mudado a cientos de kilómetros del lugar podría servir de excusa suficiente para librarme, ja ja, ¡error!.
Ayer me llamó mi madre para decirme que ya había invitación de boda (por cierto, ¿por qué sigo entrando en el pack con papi y mami?, ¡si ya soy una chica independiente!, ¿no merezco mi propia invitación?, ¿influirá el hecho de no tener pareja?); y yo, que ya tenía la excusa preparada contesté:
-"Pero estoy muy lejos y no tengo buena combinación ni de tren ni de autobús para llegar a tiempo, así que sintiéndolo mucho no podré ir" (sonrisa maliciosa).
Sin embargo no contaba yo con el poder persuasivo de mi madre; sólo dijo cinco palabras:
-"Tú vas a esa boda".
No le hizo falta nada más para que sintiera ese sudor frío por la espalda, el mismo que sentía de pequeña cuando hacía alguna trastada y me enfrentaba a ella. ¡Qué capacidad tiene!, ¡y ni si quiera le hizo falta verme!.
A pesar de ello, no quise rendirme sin luchar, así que con un ligero temblor de voz, argumenté:
-"¡Pero mamá!, ¿Cómo quieres que llegue a tiempo si la boda es por la mañana y yo trabajo el viernes?".
Y ella, que ya debía de tener prevista la pregunta, me soltó:
-"Pues te coges un día de asuntos propios, que para eso están. O si no, te vienes en avión y punto."
¡***@@@###!, ¡vaya dilema!, ¿voy a perder uno de mis preciados "moscosos" para asistir a tal engendro?. No.
Entonces sólo me queda la segunda opción: el avión.......
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Segunda confesión: me da pánico el avión, y no es el típico temorcillo, no, no, AUTÉNTICO PÁNICO, es lo que siento.
Pero he decidido que la puñetera boda sirva de algo, así que voy a intentar superar mi temor a volar. (Se admiten sugerencias de como hacerlo).
Maldita boda.
¿Y por qué me habré ido a un sitio con un aeropuerto cerca?.
Socorro, socorro, socorro.