jueves, 23 de agosto de 2007

Miedo a volar

Definitivamente, tengo miedo, o mejor dicho, pánico a volar. Llevo dos días consultando la web de un vuelo de esos baratos para ir a la boda, y soy incapaz siquiera de reservarlo. Me empiezan a temblar las manos y el corazón se acelera tanto que parece que me va a hacer un agujero en el pecho. Es horrible, y si ésto ocurre ahora, ¿qué pasará cuando esté ahí arriba?.
Tengo dos meses para mentalizarme (la boda es en octubre), pero los billetes tengo que sacarlos ya, porque cada día que pasa el precio es mayor y, a este paso, me saldrá más barato alquilar un taxi, ja ja (que lo haría si no fuera porque tendría que pedir un día de asuntos propios).
Me temo que tengo un problema bastante gordo.

lunes, 6 de agosto de 2007

5 "Profesionales" que no serán nombrados el empleado del mes.

Lamentablemente hay muchos más, pero así para empezar, ahí van unos cuantos. (Aclaro que la mayor puntuación la han sacado gracias a su mala educación y falta de, valga la redundancia, profesionalidad).
  1. El empleado de cierta compañía de gas, encargado del servicio de Atención al Cliente, el cual, me tuvo más de 10 minutos oyendo la misma canción; todo para una gestión estúpida, y de lo más desagradable el tipo, oiga. Y por supuesto, era un 902. Odio los call-centers esos. Por cierto, al final lo hizo mal y me tuvieron que llamar ellos para arreglar el desaguisado. (Sin comentarios).
  2. El camarero de un conocido restaurante de una gran ciudad, famoso por cierto plato de su carta, el cual debe de tener cierta aversión a los extranjeros, porque tuvo a una parejita de "guiris" que no hablaban español, esperando una hora en la terraza, bajo un sol abrasador, sin dignarse a atenderles. Sin embargo, al resto de clientes que llegaron después, los atendió rápidamente. Y los pobres turistas esperando, hasta que se cansaron y se fueron a otra parte. Así se ayuda al turismo, si señor.
  3. El taquillero de cierta estación de tren, que, ante un problema con el billete en vez de atenderme, me amenazó con llamar a seguridad. En el Servicio de Atención al Cliente me solucionaron el problema (que no era mío, sino de la propia infraestructura de la estación) y me aconsejaron que pusiera una reclamación. La puse............. (no sirvió para nada, por cierto).
  4. Seguimos con taquilleros, esta vez, la taquillera de una concurrida estación de autobuses, que, al solicitar información sobre el horario de un autobús, me remitió a un papelito pegado en la ventanilla, que se contradecía con otro que estaba justo al lado. Al solicitarle la aclaración, me volvió a remitir a los papelitos (con muy mala educación), y, cuando le volví a decir que había una contradición, me dio un tercer horario distinto. ¡Toma ya!. ¿Pero a qué hora sale el último autobús, por Dios?. Menos mal que al final me fui antes.
  5. Por último, los obreros que están haciendo una obra al lado de mi casa. ¿Por qué se ponen todos los días a las 6:30 de la mañana a hablar a voz en grito debajo de mi ventana?. ¿Es que no pueden entrar en el edificio?, ¿es que no pueden hablar bajito?, por favor, que están juntitos en amor y compañía, y la gente (o al menos yo), quiere dormir. (Qué cruz).

viernes, 3 de agosto de 2007

Odio las bodas

A pesar del riesgo de ser tachada de poco original, ahí va una confesión: odio las bodas.
El hecho de que tal repelús sea compartido por una gran mayoría de la gente no hace que el sarpullido que me sale sólo al pensar en ello sea menor. Es tal mi aversión que, si pudiera, evitaría hasta la mía propia; no sé por qué me da en la nariz que nunca "pasaré por la vicaría".
Sobre mi tranquila existencia pendía la sombra de tal celebración por parte de un familiar (una, para ser exactos), con el siguiente temor por mi parte de ser invitada a tal sufrimiento. Para más inri, la "afortunada" en cuestión no me es precisamente muy grata, y creo que el sentimiento es mutuo, pero, como en mi familia somos todos unos hipócritas, me temo que ni siquiera el hecho de gritarlo a los cuatro vientos me hubiera librado de asistir.
Sin embargo, ilusa de mí, pensé que el hecho de haberme mudado a cientos de kilómetros del lugar podría servir de excusa suficiente para librarme, ja ja, ¡error!.
Ayer me llamó mi madre para decirme que ya había invitación de boda (por cierto, ¿por qué sigo entrando en el pack con papi y mami?, ¡si ya soy una chica independiente!, ¿no merezco mi propia invitación?, ¿influirá el hecho de no tener pareja?); y yo, que ya tenía la excusa preparada contesté:
-"Pero estoy muy lejos y no tengo buena combinación ni de tren ni de autobús para llegar a tiempo, así que sintiéndolo mucho no podré ir" (sonrisa maliciosa).
Sin embargo no contaba yo con el poder persuasivo de mi madre; sólo dijo cinco palabras:
-"Tú vas a esa boda".
No le hizo falta nada más para que sintiera ese sudor frío por la espalda, el mismo que sentía de pequeña cuando hacía alguna trastada y me enfrentaba a ella. ¡Qué capacidad tiene!, ¡y ni si quiera le hizo falta verme!.
A pesar de ello, no quise rendirme sin luchar, así que con un ligero temblor de voz, argumenté:
-"¡Pero mamá!, ¿Cómo quieres que llegue a tiempo si la boda es por la mañana y yo trabajo el viernes?".
Y ella, que ya debía de tener prevista la pregunta, me soltó:
-"Pues te coges un día de asuntos propios, que para eso están. O si no, te vienes en avión y punto."
¡***@@@###!, ¡vaya dilema!, ¿voy a perder uno de mis preciados "moscosos" para asistir a tal engendro?. No.
Entonces sólo me queda la segunda opción: el avión.......
..............
.............
Segunda confesión: me da pánico el avión, y no es el típico temorcillo, no, no, AUTÉNTICO PÁNICO, es lo que siento.
Pero he decidido que la puñetera boda sirva de algo, así que voy a intentar superar mi temor a volar. (Se admiten sugerencias de como hacerlo).
Maldita boda.
¿Y por qué me habré ido a un sitio con un aeropuerto cerca?.
Socorro, socorro, socorro.