Odio la Navidad. Sí, ya sé que es un argumento muy manido, pero es así. No soporto la reunión anual de mi familia. Será porque mi familia no se puede definir exactamente con el término "familia unida". Más bien, podría definirse como, "familia que no se soporta". No estoy hablando de la familia más cercana, lo que se conoce como "núcleo familiar", es decir, padres y hermanos. Nosotros nos toleramos bastante bien, y creo que hasta nos queremos. No, me estoy refiriendo a la familia a lo grande, o sea, abuelos, tíos, primos y demás especímenes.
Todos los años es la misma historia: viaje hasta el pueblo con los consabidos atascos y cabreos del personal, llegar a una casa vieja y cerrada, donde hace un frío que pela. ¿Por qué no pondrán calefacción?. Luego los besos de rigor, los "¡Qué guapa estás!", "¿Te has cortado el pelo?", y bla, bla, bla. Pero todavía falta lo peor, repartir las habitaciones. Y claro, como no hay suficientes camas para todos..... ¿Con quién me tocará dormir este año?. No sé que prefiero, si con las primas pequeñas o con la tía solterona. Qué cruz, Dios mío.
Supongo que cuando muera la abuela todo será distinto. Pero no os engañéis, todo este paripé no es por ella, no. Mi abuela (ni su marido) nunca quiso a sus hijos, ni mucho menos a sus parejas ni a los hijos de sus hijos. Así que lo de la reunión familiar para todos es un engorro, yo sé que por ella, nos mandaba a todos a paseo (y por sus hijos también), pero, claro, el pueblo, el que dirán....
Así que ahí estamos todos, intentando aguantarnos unos a otros poniendo buena cara. Y eso, con el frío que hace en esa casa, es muy difícil, creedme.
Bueno, ya pasó el primer trago, el de fingir que nos alegramos cuando nos vemos (es una vez al año, tampoco es para tanto); también el segundo, el reparto de camas, que para mí es lo peor, esta vez me tocó la tía solterona, cachisss!!!, me toca dormir acurrucada en una esquina de la cama y rezando para que no me de patadas. Pues sí que empezamos bien.
Este año le corresponde hacer la cena a la tía T., vaya trabajo que le ha caído. Da igual lo que se esfuerce, la abuela sacará pegas a todo; que si ésto no me gusta, que aquello es una tontería, que si has hecho mucha comida para nada..... Todos los años lo mismo, cambia la víctima, pero el guión es el mismo. Y la tía T. hasta las narices y a punto de mandar a paseo a la abuela, al marido y a todos nosotros. Sería divertido que alguien lo hiciera alguna vez de verdad.
Después haces apuestas contigo misma para ver quien de los tíos se emborracha primero, y ruegas que no sea tu padre, porque si no, ya la hemos liado. Te elegirá a tí como blanco y ya sabes cual será la batería de reproches: "esta hija mía, que no hay manera de que se eche un novio decente".... Aunque eso suele ser cosa de las madres, en mi familia es mi padre el empeñado en casarme. Ya dije que mi familia era peculiar.
Bueno, hemos terminado con los postres. A estas horas, quien más y quien menos está con una copa de más y llega el momento de hablar de política. Adiós, este si que es el plato fuerte. Momento de acostar a los niños, que llevan desde hace un buen rato berreando. Y digo yo, ¿podrán las pobres criaturitas dormir con las voces que "los mayores" están dando ahora?. Pues parece que sí; qué lindos son los niños, tan inocentes. Cualquiera diría que se han pasado toda la noche pegando gritos y correteando por la casa empujándonos a todos. En el fondo, siento envidia de no poder hacer lo mismo, y, al mismo tiempo, recuerdo lo bien que lo pasaba yo cuando tenía su edad haciendo esas mismas cosas. Vaya, los enanos están haciendo que me ponga sentimental. No, sólo ha sido un espejismo, la noche continúa, y las voces, y las discusiones politiqueras. No puedo más, me voy a la cama. Espero que cuando venga la tía no haga mucho ruido, no quiero que me despierte. Es una esperanza vana, lo sé.
Bueno, sólo queda la comida de mañana, y después, todo acabó, hasta la próxima. Carretera y a casita.
Me gustaría que mi Navidad fuera distinta, pero no lo es. Sin embargo, es odioso que me queje, porque hay tanta miseria en el mundo, tanta gente que lo pasa mal, tanto sufrimiento.... Por eso, quiero mostrar mi admiración por todos aquellos que, de una manera u otra, ayudan a los demás, aunque sólo sea subiendo las bolsas de la compra a una anciana. Eso me reconcilia con el mundo. Ojalá yo sea capaz de hacer lo mismo.