lunes, 24 de septiembre de 2007

Soy una yonki

Como ya sabéis, tengo pánico a volar, y al acercarse la fecha en la que tengo que coger un avión, siento crecer la ansiedad hasta límites preocupantes. Vale, ya sé todo eso de que es el medio de transporte más seguro y toda la historia. No es eso lo que me da miedo; en realidad, no sé realmente a qué temo, es una sensación puramente ilógica, algo que se escapa a la razón. Es un miedo psicológico, como dirían los entendidos.
Pero da igual, sea lo que sea, y por mucha conciencia que yo tenga de lo absurdo de mi miedo, éste sigue ahí, así como los sudores fríos al pensar que tengo que pasar un par de horas metida en un cacharro volante sin poder escapar.
Así que visto lo visto, ayer me fui al médico a que me recetara cualquier pastillita milagrosa, yo que nunca he ido a ninguno desde que era niña (la automedicación, un mal hábito). ¡Imaginaos la cara del médico cuando aparezco por ahí pidiendo tranquilizantes!. El pobre me miró como si estuviera chiflada, y quizá pensó que no era tan mala idea eso de las pastillas, ja ja. Al menos no me dio cita para el psiquiatra, aunque me encasquetó una larga charla sobre los miedos psicológicos y demás, incluso me enseñó técnicas de relajación. Aunque a mí todo eso me daba igual, yo sólo quería mi "dosis" y no respiré tranquila hasta que me recetó algo.
Así que aquí estoy ahora, con mi caja de pastillitas, más aplacada ahora que tengo mi dosis, je je. Aunque, si os digo la verdad, me preocupa un poco tomarme estas cosas, porque yo sólo tomo Aspirina cuando me duele la cabeza, nada más. Estoy mirando por internet los efectos que tiene el Orfidal (que es lo que me ha recetado) y parece que crea adicción, lo dicho, soy una yonki, je je, aunque por un par de pastillas que me tome no creo que pase nada, ¿no?, ¿o es así como se empieza?. A ver si ahora voy a pasar del pánico al avión al pánico a las pastillas. Lo que soy es una "fobia-adicta".

martes, 18 de septiembre de 2007

Un año

Segunda entrada del día:
Revisando posts antiguos he descubierto que mi blog cumplió el día 10 un añito, parece increible que haya pasado un año y todavía siga más o menos vivo, para mí es un record que un interés me haya durado tanto.
¡Cómo puede cambiar la vida en un año!, por entonces mi vida estaba llena de incertidumbres en lo laboral, personal y sentimental, y hoy, poco a poco las cosas están mejorando. En lo profesional, todavía no he conseguido mi meta, pero al menos ya no tengo que preocuparme por la precariedad laboral que asola este país y que padecen numerosos universitarios de mi generación: mucho título y preparación para estar trabajando como dependientes por poco más de 600 euros, y con contrato temporal, por supuesto. Al menos, tengo un trabajo fijo de los de "para toda la vida" que me permite estudiar para ir ascendiendo a otro nivel superior.
Es en lo personal donde noto más el cambio: por fin me he independizado, he cambiado de ciudad y me siento yo misma de verdad.
En lo sentimental, bueno, todavía quedan rastros de Dorian, pequeñas heriditas que de vez en cuando duelen, pero cada vez menos, ahora ya es sólo cuestión de tiempo que desaparezcan del todo. Y sé que podré volver a enamorarme.
Por último, que me estoy poniendo sentimental y eso no puede ser, quiero dar las gracias a los que se pasan por aquí de vez en cuando a compartir estos retazos de mi vida.

Y más bodas

Como ya conté en otro post anterior, las bodas no son precisamente mi acontecimiento social favorito, gracias a cierto toque antisocial del que adolezco.
Quizá por ello, como castigo, han decidido honrarme con otra nueva invitación; así, al ya comentado enlace familiar que me espera próximamente (con pánico al avión incluido), me acaban de incluir en el club de los elegidos para la boda de mi amiga G. y, en este caso, tampoco me valen las excusas: la emotiva ceremonia se celebrará en un horrible lugar que (aquí lo puedo confesar), detesto a más no poder, y para mi desgracia está a sólo tres horas de tren de la ciudad donde vivo ahora.
Además, no conozco a ninguno de los asistentes, ni siquiera al novio, así que mi timidez enfermiza sufre profundamente al pensar en tener que intentar parecer amable por todos los medios para encajar en algún grupo y no ser la solitaria en la esquina de la barra del bar. ¡Qué poético!; al menos espero que haya barra libre.
¿Qué tal si contrato a un acompañante masculino para que la cosa se me haga más amena?, uy, esto lo he visto yo en alguna película..... A veces soy patética, ja ja.
Vaya manera de desperdiciar un fin de semana, aunque, al menos me servirá el mismo vestido que compre (qué no "compré", nótese la importancia de un acento) cuando tenga tiempo, o más bien cuando el tiempo se me eche encima, para la otra boda. Os podéis reir, pero seguro que alguna de las lectoras anónimas del blog estará de acuerdo conmigo en lo estresante que es buscar todo el kit completo para ir divina de la muerte a un sarao de estos: vestido, zapatos (lo de que sean cómodos es pedir demasiado), bolso, algo para taparse, joyas, maquillaje, peinado, ropa interior, ¡las medias!, uf, qué engorro. Y como ahora está de moda hacer una pre-boda la noche anterior, a todo ello, hay que añadir otra tanda de lo mismo para los "previos", ya que no puedes dejar de estar perfecta ni un segundo. Vamos, un horror. Y tendré que reservar hotel, y dar un sobre "abultado" como regalo, y, y, y,...... No puedo más.
¡Viva el amor libre!