Me siento indignada, estafada y, y, y......
Resulta que la compañía de teléfono con la que tengo contratado el servicio de Internet, tiene un filtro que impide el acceso a determinadas páginas. Se supone que todas ellas son de contenido pornográfico, pero me temo que la moral del programador del artefacto es mucho más estricta que la del Papa Benedicto XVI (espero no haberme equivocado con el número, con lo fácil que es llamarse Paco Pérez). Si quiero entrar a una web de salud, por ejemplo, como tenga algo de salud sexual o similar, ya salta el puñetero aviso y ahí me quedo con cara de estúpida.
En realidad el filtro en cuestión me afecta poco, porque no suelo visitar webs "sensibles", pero aún así, yo no pedí tal control y me mosquea bastante el hecho de que alguna mente brillante haya decidido cuidar de mi moralidad intachable.
No critico este servicio para el caso de los niños, hay que tener cuidado con ellos, pero aún así, el mejor canguro para ellos es que los padres se dediquen a navegar con ellos por internet, y no dejarles aparcados delante del pc, como antes con la tele. Pero de los "pequeños monstruos" ya hablaremos otro día.
Así que un día, ya mosqueada porque el filtro no me dejaba entrar en una web de salud, me decidí a llamar al servicio de atención al cliente, (qué ilusa) y allí me dicen que no figura que tenga tal servicio contratado. "Pero señorita, si estoy viendo el filtro ahora mismo", "Aquí no nos consta nada, espere a que le venga su factura y lo arregla usted misma desde nuestra web". ¡Manda "webs"!.
Vale, me aguanto y espero a que llegue la primera factura, y ¡zasss! ahí aparece el famoso servicio. Me planto en la web corporativa, me registro, me dan mi clave, y por fín llego al servicio en cuestión y ¡hala! me piden una contraseña que no tengo. Argggg. Consigo la contraseña, y veo que puedo desactivar tal servicio. Aleluya!!!!.
Llega la siguiente factura, y tachán!!!! me siguen cobrando por el filtro de los...... Vuelvo a llamar a atención al cliente, y después de escuchar toda la letanía de "si quiere esto pulse uno, si quiere lo otro pulse dos....." y yo esperando la opción de "si su paciencia está a punto de agotarse pulse....", pero nada, parece que se quedaron sin números para pulsar. Después de ver que mi consulta no encaja en la lista (¿de verdad soy la única que quiere quitarse el trasto ese?) tengo que decir en "voz alta y clara" el motivo de mi llamada, a estas alturas mi voz puede ser alta, muy alta, pero clara....., en fin, que suelto al aire mi pregunta, y, entonces, me dicen que llame aun 902. ¿Pero ésto qué es?, ¿no estoy con atención al cliente?, ¿por qué no me atiende nadie?. Sigo esperando, y ya por desesperación me atiende alguien desde vete tu a saber qué país (los famosos call centers). ¡Por fin una voz humana!, aunque mi alegría dura poco, la solución que me da es la siguiente: "eso lo puede hacer usted misma desde el área de clientes en internet". ¡Será .....!.
Vuelvo otra vez a la famosa área a ver si hay alguna opción que se me haya pasado que consista en eliminar-para-siempre-este-puñetero-servicio/no-quiero-que-me-cobren-por-algo-que-no-he-pedido, pero no veo nada, siguen las mismas opciones de siempre activar/desactivar.... Por si acaso empiezo a pinchar en ellas a ver si al abrirse encuentro más opciones, y ¡sorpresa! me pide la contraseña rara, contraseña que por supuesto, he olvidado. Argggg. Menos mal que tiene una opción de recuperar contraseña, pero, lo más lógico, me pide que ingrese la contraseña que he olvidado para que me la recuerden.
De locos.
Así que aquí estoy, con un filtro que no quiero, una contraseña que no recuerdo, un cabreo enorme y una cara de imbécil de órdago.
Siento el rollo de hoy, pero estoy que muerdo. Odio que me tomen por idiota.