Ayer me invitaron a una fiesta donde sólo conocía a la organizadora del sarao, pero no me importó, ya he comentado varias veces que en esta ciudad es extraordinariamente difícil conocer gente así que no se puede dejar escapar cualquier oportunidad de “contacto”.
Bueno, pues ahí sentí una de las mayores humillaciones de mi vida: había un tío (gay, así que no hay que no se trata de una especie retorcida de tensión sexual) que se tiró toda la noche lazándome puyitas a las que yo no daba importancia, hasta que de repente, delante de todo el mundo y dirigido a mí, hizo un comentario vejatorio y grosero hacia mi persona que debió parecer de lo más divertido, porque todos los presentes me miraron y se rieron, pero en plan salvaje y yo lo único que quería era desaparecer de ahí, pero claro, ¿qué haces en esa situación?, pues hacerme la tonta, como que la cosa no iba conmigo, pero deseando que me tragara la tierra.
Me venía a la cabeza la escena de la película Carrie que os he puesto más arriba, siempre me ha parecido que refleja a la perfección la sensación de injusta humillación pública, y yo casi me sentía igual que Sissy Spacek, lástima de poderes psíquicos, ja ja.
Lo malo es que ese maldito comentario, hecho con toda la intención de dañar, cumplió su cometido, el resto de la noche lo pasé muy incómoda y con ganas de salir corriendo, pero había que mantener el tipo hasta el final. Menos mal que el muy cabrón tenía que ausentarse durante unas horitas para ir a otra fiesta y pude respirar por un tiempo, y antes de que volviera me largué.
Parece mentira que entre gente con “estudios” y se supone que ya con una edad, se den este tipo de comportamientos de adolescentes de instituto; desde luego, yo nunca me había visto en una situación así, de repente me sentí como una niñata insegura, uff.
Vale, ya sé que parte del problema es mío, por ser una persona insegura, pero caray, no está bien alimentarse de las inseguridades de los demás.
Menos mal que no tendré que coincidir nunca más con estas personas, no vale la pena.
A veces odio esta ciudad y echo de menos a Dorian y a los viejos tiempos, aquellos que ya pasaron y nunca volverán.
Voy a investigar en internet técnicas de vudú, quien sabe, a lo mejor sí tengo poderes psíquicos, ja ja ja.
Bueno, pues ahí sentí una de las mayores humillaciones de mi vida: había un tío (gay, así que no hay que no se trata de una especie retorcida de tensión sexual) que se tiró toda la noche lazándome puyitas a las que yo no daba importancia, hasta que de repente, delante de todo el mundo y dirigido a mí, hizo un comentario vejatorio y grosero hacia mi persona que debió parecer de lo más divertido, porque todos los presentes me miraron y se rieron, pero en plan salvaje y yo lo único que quería era desaparecer de ahí, pero claro, ¿qué haces en esa situación?, pues hacerme la tonta, como que la cosa no iba conmigo, pero deseando que me tragara la tierra.
Me venía a la cabeza la escena de la película Carrie que os he puesto más arriba, siempre me ha parecido que refleja a la perfección la sensación de injusta humillación pública, y yo casi me sentía igual que Sissy Spacek, lástima de poderes psíquicos, ja ja.
Lo malo es que ese maldito comentario, hecho con toda la intención de dañar, cumplió su cometido, el resto de la noche lo pasé muy incómoda y con ganas de salir corriendo, pero había que mantener el tipo hasta el final. Menos mal que el muy cabrón tenía que ausentarse durante unas horitas para ir a otra fiesta y pude respirar por un tiempo, y antes de que volviera me largué.
Parece mentira que entre gente con “estudios” y se supone que ya con una edad, se den este tipo de comportamientos de adolescentes de instituto; desde luego, yo nunca me había visto en una situación así, de repente me sentí como una niñata insegura, uff.
Vale, ya sé que parte del problema es mío, por ser una persona insegura, pero caray, no está bien alimentarse de las inseguridades de los demás.
Menos mal que no tendré que coincidir nunca más con estas personas, no vale la pena.
A veces odio esta ciudad y echo de menos a Dorian y a los viejos tiempos, aquellos que ya pasaron y nunca volverán.
Voy a investigar en internet técnicas de vudú, quien sabe, a lo mejor sí tengo poderes psíquicos, ja ja ja.