domingo, 28 de octubre de 2007

Maldita enfermedad

Hasta que llegaste tú no había conocido nunca a nadie que sufriera depresión, al menos diagnosticada. Es muy común decir, "estoy depre", pero eso no es más que un día tonto de "bajón", nada más.
Por eso nunca llegué a entender muy bien lo que significaba ese mal, la tristeza por la tristeza, el no sentir interés por nada, ¿cómo no sentirse alegre una mañana soleada de sábado con todo el día para tí?.
Entonces entraste en mi vida con un papelito del médico que decía algo así como "depresión crónica" y empecé a ver los surcos que poco a poco va dejando en tí. Todavía no soy capaz de entender lo que sientes, pero veo que sufres y eso es suficiente.
Te tendí mi mano, sabiendo que no iba a ser fácil estar ahí, pero asumí el riesgo.
Desde entonces te has acostumbrado a que esté de guardía las 24 horas al día; no recuerdo haber dormido ocho horas seguidas desde que te conocí porque siempre tengo una llamada tuya de madrugada, cuando te desvelas y no puedes volver a dormir. He llorado contigo, te he hecho reir; sabes que conmigo no tienes que disimular y puedes explotar de ira o de pena en cualquier momento, si es lo que necesitas.
Pero no soy de hierro, yo también tengo mis problemas y preocupaciones, por eso, perdona que no siempre pueda estar al cien por cien para tí. Ojalá pudiera ser una superwoman, pero no lo soy. Aunque tú eso no lo entiendes, para tí sólo existe tu mal y te agarras a mí como única salvación. ¿Es sólo la depresión lo que te hace actuar así?, ¿hasta dónde llega tu enfermedad y dónde empieza tu personalidad?.
Nunca leerás estas palabras que te dirijo porque no puedo fallarte, pero yo a veces, también necesito estallar. Perdóname.

Foto: Cemetary sadness, por Crawfishpie

lunes, 22 de octubre de 2007

Miedo a volar (última entrega)



¡Prueba superada!, he sobrevivido a mi experiencia de viajar en avión ¡ida y vuelta!. Pero que mal lo pasé.
De camino al aeropuerto, en el taxi, me latía el corazón a mil por hora, y mis pulsaciones aún aumentaban más según iba viendo los cartelitos indicadores con el avioncito pintado. Cuando por fin llegué, creí que el corazón se me salía por la boca. No sé como pude pagar al taxista sin que se me cayeran las monedas al suelo.
Después tuve que dar mil vueltas por el aeropuerto hasta que encontré el mostrador de facturación de mi compañía, cosas de viajar en low-cost; estaba al final del todo y ni siquiera aparecía su nombre ya que la compartía con alguna otra. Menos mal que en ese momento se estaban encargando del vuelo anterior al mío y vi el logotipo. Perfecto, otro obstáculo menos, pero mi ansiedad no bajaba.
Aún me quedaban tres horas hasta que se abriera el embarque, así que fui a comer, o al menos lo intenté, porque sólo fui capaz de comer medio bocadillo, de chorizo, para más señas; se me había formado tal nudo en la garganta que no pasaba nada de nada, sólo agua. Era lo que faltaba, con tantos nervios y tanto beber, pues.... eso, tocaba visita al baño, y ahí que fui con mis maletas. Menos mal que estaba todo limpito. ¡Qué se acabe esta agonía ya!.
De repente veo que por fin empiezan a facturar para mi vuelo. Me acerco, enseño los papeles y sin ningún problema, en un segundo maletas facturadas. ¿Llegarían a su destino al mismo tiempo que yo?. Y ahora venía uno de los momentos más temidos, el camino a la sala de embarque; no sé por qué, pero me imaginaba que una vez dentro ya no podría escapar (muy infantil, ya lo sé). Pero como estaba decidida a llegar hasta el final, me dirigí con decisión al guardia, le tendí la tarjeta y pasé por todo el ritual de los controles. ¡Bien! ni si quiera pitó el detector de metales.
Después me acerqué a los ventanales de la terminal para ver los despegues, y allí empecé a sentirme muy nerviosa, ¡como voy a ser capaz de meterme en un trasto de esos!, además, ¡van a toda leche!, ¡socorro, quiero llorar!.
Pero ya no había vuelta atrás, quedaba media hora para el embarque, así que siguiendo las instrucciones del médico, saqué mi Orfidal (bendito Orfidal) y me lo metí debajo de la lengua rogando a Dios para que no me diera un colocón. La verdad es que no noté nada especial, incluso llegué a pensar que eso no hacía ningún efecto, porque camino ya del avión me seguía sintiendo bastante nerviosa. Subí, encontré mi asiento, (pasillo, por supuesto) me senté y me até el cinturón. Cuando el avión empezó a rodar por la pista, cogí el periódico y me concentré en lo que estaba leyendo, sólo noté un ligero movimiento en el estómago al despegar, nada más. Y pensé que no era para tanto, así que dejé el periódico y me dediqué a mirar la poca vista que podía captar de la ventanilla absolutamente relajada. ¡La pastilla sí hacía efecto!, pero al mismo tiempo completamente lúcida, ni me atontó ni me dio sueño!. Al comprobarlo, una sonrisa de satisfacción iluminó mi cara, ahora ya sé que puedo volar, aunque sea con "drogas".

P.D. Después de ver blogs por ahí, se me ha antojado poner fotos, pero como no soy fotógrafa, por ahora tendré que aprovecharme del talento de otros; por ahora he descubierto la web de www.flickr.com para buscar fotos, ya os contaré nuevos descubrimientos. Ya sabéis que estas cosas de internet y yo..... Por cierto, el título de la foto es "Volando hacia Grecia" y el autor Brotha, sale tan pequeñito en el pie de foto, que casi no se ve.


Y yo me pregunto, ¿de dónde saca la gente las fotos para su blogs?, porque en pocos sitios he visto que se diga el nombre del autor, directamente se pone la foto y punto. ¿Alguna sugerencia?.

P.D. 24 de febrero de 2008: vuelvo a poner la foto gracias a la amabilidad de Guigon :-)

jueves, 18 de octubre de 2007

Miedo a volar (penúltima entrega)

Ya no hay marcha atrás, mañana voy a coger por fin un avión. Estoy muerta de miedo, siento que voy a tener una crisis de pánico allá arriba y me invade la angustia. ¿Qué hacer si empiezo a sentirme mal?; quien no haya tenido nunca un ataque de pánico es imposible que entienda estos miedos, sentir que te ahogas, de creer que vas a morir, todo te da vueltas, la imposibilidad de respirar, sensación de irrealidad.... Y todo ello sin la posibilidad física de escapar, porque, la típica reacción de tomar la puerta y salir corriendo, en un avión, me parece que no es muy factible.
Pero está decidido, lo voy a hacer. Espero que la ansiedad no haga que justo antes de entrar me dé la vuelta y salga pitando para casa; supongo que el hecho de que "por narices" tengo que estar mañana por la noche en la otra punta del país más el miedo a la reacción de mi madre si no me presento a la boda, podrán con mi débil psique.
Sin embargo, sólo de pensarlo ya empiezo a sudar y a temblar. Llevo toda la semana sin tomar café ni nada excitante y mañana desayunaré una tila triple. Espero que el Orfidal que me recetó el médico sea eficaz, o al menos tenga efecto placebo. También me preocupa la reacción que me pueda provocar, ya me veo por el aeropuerto como una zombi buscando a mi madre, ja ja. Por si acaso ya he dado el aviso de que voy a ir hasta las orejas de "droga".
Me temo que esta noche no dormiré, me imaginaré de mil formas distintas todo tipo de situaciones y reacciones, para estar preparada para todo, pero aún así, el miedo, auténtico pavor, me acompaña.
Es una sensación horrible.