Ahora que la máxima “me reducen el sueldo un 5%, gasto un 50% menos” se ha impuesto tácitamente entre el colectivo funcionarial, yo he decidido darme un capricho que en euros equivale a todos mis ahorros anuales. Nadando a contracorriente, como siempre.
¿Y en qué consiste ese caprichito?, pues... no se lo contéis a nadie pero... es un tratamiento de belleza. Ea, ya está, ya lo he dicho.
Una vez que decido hacérmelo paso a la fase obligatoria de consultar los foros de internet al respecto. (Señor Tim Berners-Lee ¡como ha influido su invento en nuestras vidas!). Y ahora es donde viene el caos, infinitas opiniones, innumerables tratamientos y establecimientos dedicados al tema. Y de diferencias de precio mejor no hablar.
Después de buscar y buscar decido evitar chollos y gangas y me decanto por seguir el tratamiento en una clínica de cirugía estética, por aquello de que son médicos y bla, bla, bla. Aclaro que no se trata de una operación estética, sino que es algo mucho más sencillo pero la seguridad ante todo.
Así que allí me planto yo, con mi cara de cansancio después del día de trabajo (que sí, que algunos hasta trabajamos).
Lo primero que veo es a un grupo de recepcionistas/enfermeras perfectamente peinadas, maquilladas, con las curvas perfectas y todo en su sitio y con el tamaño adecuado. “Menos mal que no hay un espejo en recepción” pensé, porque si no salgo corriendo para esconderme debajo de la cama y no salir nunca más. En esos pensamientos andaba yo cuando se acerca la recepcionista y me mira de arriba abajo, como pensando en la cantidad de intervenciones y tratamientos que estoy pidiendo a gritos. Cuando le digo a lo que vengo se sorprende (ya he dicho que es un tratamiento sencillo que lo hacen hasta en las peluquerías). Un poco más y me hace una lista de sugerencias para mejorar mi imagen. Me vuelven a entrar tentaciones de salir huyendo.
Mientras espero en la sala de “desesperación” (me ponen de los nervios las salitas esas) me dedico a mirar los folletos que tienen (nada de revistas del cuore ni cosas así). Aluciné con la cantidad de tratamientos que existen para todo tipo de ¿imperfecciones?. Y como todo lo malo se pega, según va entrando gente me dedico a imaginar que tipo de tratamiento extraño y carísimo se estará haciendo esa señora de ahí y la de allá.
En fin, todo este rollo para preguntar el por qué de tanta obsesión con la belleza y la perfección, si al final todas (y todos) parecen calcos de los demás.
La semana que viene empiezo mi tratamiento (vale, ya digo lo que es: depilación láser). Espero no salir con tres tetas y botox en las orejas.
domingo, 30 de mayo de 2010
Clínica estética.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)