lunes, 30 de abril de 2007

Peluquería

Esto de mudarse a la Nueva Ciudad trae más complicaciones de las que a simple vista puede parecer. Además de adaptarme a ella y a sus gentes, debo volver a encontrar unos "servicios mínimos" de confianza, tales como una panadería que haga un pan y un bizcocho de nueces tan rico como los que hace la de mi (ex) barrio de toda la vida (nótese el momento morriñoso que me invade); una modista que sea capaz de adaptarme la ropa a mis numerosos cambios de peso sin estropearla, y un largo etc.....
Pero además, está...... ¡la peluquería!, sí, ese, para mí, centro de tortura; porque, ¿hay algo más horrible que dejar tu cabeza en manos desconocidas?.
Vaya por delante que yo odio ir a la peluquería, no soporto los olores de los productos, ni el ruido de los secadores, ni las conversaciones insulsas que se entablan allí; y por supuesto, me pone de los nervios pensar que tengo que perder una tarde entera ahí.
Por todo ello, encontrar una peluquería que me guste es algo fundamental, ya que tengo que pasar el mal trago, al menos que sea de la forma menos desagradable posible.
Otro motivo es que yo, cuando me siento en el sillón y me miro en el espejo de la pelu, me vuelvo idiota, aparte de verme horrible, claro. Me viene la peluquera de turno (¿por qué nunca es la misma?) y me pregunta: "¿qué quiere hacerse?", e invariablemente, yo no sé que contestar; bueno sí sé lo que quiero: que me ponga monísima, pero el problema es que no sé cómo. Pero vamos a ver, ¿no eres tú la profesional?, pues mira mi cara y dime que es lo que mejor me queda. ¿De qué sirve traer la foto con el último peinado de Elsa Pataki si en mi cara de pan me va a hacer parecer a la Duquesa de Alba?. Pero nada, la niñata que me ha tocado en gracia se queda mirándome como una boba esperando que me llegue a mí la iluminación. Y así queda el resultado. Un cromo.
Por eso quiero encontrar una peluquería en la que me pueda sentar y decir, "hazme lo que quieras" (borren esas sonrisitas morbosas, que este es un tema serio) sin que me vuelvan rubia como a cierta bloggera que se pasa por aquí de vez en cuando, aunque seguro que a ella la dejaron "divina".
En esa búsqueda esta semana voy a ir a la peluquería de mi nuevo barrio. Que Dios y Llongueras me cojan confesada.
Os contaré.
(Por cierto, una vez más, y mira que prometí no hacerlo, he vuelto a toquitear la plantilla del blog y se me fueron las estadísticas a la m. , no es que fueran para tirar cohetes, pero son las mías, jo!!!!. Así que a empezar a contar de nuevo.....)

sábado, 28 de abril de 2007

Tarde de sábado

Tarde de sábado, esperando una llamada, que no llega, que no llegará. Echo de menos aquella noche de noviembre, cuando, gracias a un espejismo, pude volver a ver la luz. Ese espejismo eras tú; ahora yo tengo que aprender a admitir que sólo fue una ilusión, nada más.

Tarde de sábado perdida, con tantas cosas por hacer.....

(Por cierto, conseguí abrir el tarro después de todo un día de esfuerzos; me dejé las muñecas en el intento)

lunes, 9 de abril de 2007

Mirando un frasco de cristal

No os dejéis engañar por el título, este post no tiene ningún tinte romántico, ni nada por el estilo, es todo mucho más banal.
¿Qué habéis hecho en Semana Santa?, me gustaría decir que yo he hecho un viaje fantástico a algún lugar maravilloso en la compañía perfecta, pero no, no ha sido así. Señoras y señores.... he ido..... ¡al pueblo!. Tachannnnn!!!!!!!
El problema de ser una chica independiente (o al menos lo intento) lejos de casa y de la familia obliga a hacer estos sacrificios, es decir, a ir de visita al pueblo de los padres, donde se juntan toda la parentela de más de 45 años(los de menos edad todavía tienen hijos pequeños que tiranizan el lugar de vacaciones, angelitos).
Así que mis vacaciones se han reducido a recibir muchos besos de tías abuelas solteronas, responder innumerables veces a la pregunta de..... (seguro que ya sabéis cual es....... )"¿Cuándo te vas a echar un novio y casarte?????", ver mucho campo, con su fauna autóctona y otra que no lo es tanto....
Y comer, eso sí, me he puesto hasta los ojos de comer: embutidos de todas clases, guisos, dulces.... ¿qué sería de un pueblo sin sus buenos productos?.
Y hete aquí que de ahí viene mi problema con el frasco: una de mis tías cocina de miedo y siempre para una multitud, aunque sólo tenga cuatro invitados. Este domingo hizo un cocido descomunal y riquísimo (tenía de todo, todo, todo) y claro, sobró y en un alarde de generosidad, me metió parte de las sobras en un gran frasco de cristal, para que la pobrecita de Sibyl comiera caliente al menos una semana. Hasta aquí perfecto, pero....
¿Como narices abro el frasco??????, está tan cerrado y es tan grande que soy incapaz de desenroscarlo, y no, no vale lo de los golpecitos en el culo del frasco, ni lo de meter el cuchillo entre el cristal y la tapa.
Así que aquí estoy, mirando el frasco con un manjar en su interior y yo muerta de hambre.
Se admiten ideas.