Esto de mudarse a la Nueva Ciudad trae más complicaciones de las que a simple vista puede parecer. Además de adaptarme a ella y a sus gentes, debo volver a encontrar unos "servicios mínimos" de confianza, tales como una panadería que haga un pan y un bizcocho de nueces tan rico como los que hace la de mi (ex) barrio de toda la vida (nótese el momento morriñoso que me invade); una modista que sea capaz de adaptarme la ropa a mis numerosos cambios de peso sin estropearla, y un largo etc.....
Pero además, está...... ¡la peluquería!, sí, ese, para mí, centro de tortura; porque, ¿hay algo más horrible que dejar tu cabeza en manos desconocidas?.
Vaya por delante que yo odio ir a la peluquería, no soporto los olores de los productos, ni el ruido de los secadores, ni las conversaciones insulsas que se entablan allí; y por supuesto, me pone de los nervios pensar que tengo que perder una tarde entera ahí.
Por todo ello, encontrar una peluquería que me guste es algo fundamental, ya que tengo que pasar el mal trago, al menos que sea de la forma menos desagradable posible.
Otro motivo es que yo, cuando me siento en el sillón y me miro en el espejo de la pelu, me vuelvo idiota, aparte de verme horrible, claro. Me viene la peluquera de turno (¿por qué nunca es la misma?) y me pregunta: "¿qué quiere hacerse?", e invariablemente, yo no sé que contestar; bueno sí sé lo que quiero: que me ponga monísima, pero el problema es que no sé cómo. Pero vamos a ver, ¿no eres tú la profesional?, pues mira mi cara y dime que es lo que mejor me queda. ¿De qué sirve traer la foto con el último peinado de Elsa Pataki si en mi cara de pan me va a hacer parecer a la Duquesa de Alba?. Pero nada, la niñata que me ha tocado en gracia se queda mirándome como una boba esperando que me llegue a mí la iluminación. Y así queda el resultado. Un cromo.
Por eso quiero encontrar una peluquería en la que me pueda sentar y decir, "hazme lo que quieras" (borren esas sonrisitas morbosas, que este es un tema serio) sin que me vuelvan rubia como a cierta bloggera que se pasa por aquí de vez en cuando, aunque seguro que a ella la dejaron "divina".
En esa búsqueda esta semana voy a ir a la peluquería de mi nuevo barrio. Que Dios y Llongueras me cojan confesada.
Os contaré.
(Por cierto, una vez más, y mira que prometí no hacerlo, he vuelto a toquitear la plantilla del blog y se me fueron las estadísticas a la m. , no es que fueran para tirar cohetes, pero son las mías, jo!!!!. Así que a empezar a contar de nuevo.....)