martes, 15 de mayo de 2007

No sé decir que no

Bueno, eso no es del todo cierto. En realidad, cuando no me importa el "quedar bien", el "que dirán" y demás prejuicios sociales y me guio sólo por mi santa voluntad, sí sé decir que no; el problema radica en que ese NO suena de lo más borde y desagradable, y, claro, con un par de noes tan tajantes, una se gana una reputación de antisocial que después no hay quien se la quite de encima, ni con la más angelical de las sonrisas y servidumbres.
Así que, normalmente, apechugo y me trago por ello todos los marrones posibles. El último de ellos viene directamente desde mi oficina (ya haré un post hablando del Nuevo Trabajo). Allí tenemos un "friki" de los potentes que es bastante brasas, y, mira tú por donde, ha decidido "tomarme bajo su protección", lo que viene a significar en cristiano, "darme el coñazo diario". Vamos que cuando veo que viene en mi dirección huyo hacía donde sea para no encontrármelo.
Pues bien, mi "friki-amigo" me ha colocado una especie de cita a ciegas con un amigo suyo que vendrá el mes que viene a la Nueva Ciudad por motivos de trabajo y se quedará algún tiempecito por aquí. Así que ya veis, por lo que parece habrá una cena con el amigo, el friki y su santa esposa. Y digo yo, ¿qué narices pinto yo ahí?, pero claro, como el tío este me lo ha propuesto en plan amigable, para que conozca nueva gente (y bla, bla, bla), pues eso, que no he podido decir que no. Lo que me faltaba, encima de aguantarle todo el día en el trabajo, ahora tendré que verle fuera de allí y conocer a su mujer, y como le guste el asunto, seguro que insiste en organizar otro evento y, y, y,........ madre, que angustia me está entrando.
Y el cachondeo que habrá en el trabajo, porque claro, eso de que yo tenga que ir a cenar con ese no pasará desapercibido, ni mucho menos. Seré la diversión del curro por mucho tiempo. Socorro.
¿Puedo confiar en un inminente cataclismo nuclear?

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