Hasta que llegaste tú no había conocido nunca a nadie que sufriera depresión, al menos diagnosticada. Es muy común decir, "estoy depre", pero eso no es más que un día tonto de "bajón", nada más.
Por eso nunca llegué a entender muy bien lo que significaba ese mal, la tristeza por la tristeza, el no sentir interés por nada, ¿cómo no sentirse alegre una mañana soleada de sábado con todo el día para tí?.
Entonces entraste en mi vida con un papelito del médico que decía algo así como "depresión crónica" y empecé a ver los surcos que poco a poco va dejando en tí. Todavía no soy capaz de entender lo que sientes, pero veo que sufres y eso es suficiente.
Te tendí mi mano, sabiendo que no iba a ser fácil estar ahí, pero asumí el riesgo.
Desde entonces te has acostumbrado a que esté de guardía las 24 horas al día; no recuerdo haber dormido ocho horas seguidas desde que te conocí porque siempre tengo una llamada tuya de madrugada, cuando te desvelas y no puedes volver a dormir. He llorado contigo, te he hecho reir; sabes que conmigo no tienes que disimular y puedes explotar de ira o de pena en cualquier momento, si es lo que necesitas.
Pero no soy de hierro, yo también tengo mis problemas y preocupaciones, por eso, perdona que no siempre pueda estar al cien por cien para tí. Ojalá pudiera ser una superwoman, pero no lo soy. Aunque tú eso no lo entiendes, para tí sólo existe tu mal y te agarras a mí como única salvación. ¿Es sólo la depresión lo que te hace actuar así?, ¿hasta dónde llega tu enfermedad y dónde empieza tu personalidad?.
Nunca leerás estas palabras que te dirijo porque no puedo fallarte, pero yo a veces, también necesito estallar. Perdóname.
Foto: Cemetary sadness, por Crawfishpie
No hay comentarios:
Publicar un comentario