Después del gran disgusto que me llevé, tuve que recurrir a un método infalible: la canción "Aviones Plateados" de El Último de la Fila. No sé por qué, pero esta canción hace que llore a lágrima viva.
Así pues, tras escuchar dicha canción unas ocho veces (contadas) y llorar "todo un río" como cantan los Maná, se me quedó la cara roja y los ojos igual de hinchados que dos globos aerostáticos. Pero eso sí, me quedé de lo más "agustito" que diría ya sabéis quien.
Siguiendo con esta divagación musical, creo que la canción que mejor describe mi sentimiento actual es "Melancolía" de Camilo Sexto, pero sinceramente, no me veo yo gritando por el pasillo a pleno pulmón aquello de "Ya no puedo más, ya no puedo más....", aunque podría ser una terapia sustitutiva a la de los aviones, por lo menos no me pondría tan fea. Será cuestión de estudiarlo, pero para otra ocasión. Mi etapa actual de duelo exteriorizado ha finalizado. Don´t cry over spilt milk!.
[ ¡Qué ganas tenía de soltar esta frase en algún sitio!, da al blog un toque cosmopolita (por Dios, no confundir con "toque Cosmo"). Para algo tenía que servir mi cursillo intensivo de inglés.]
Dejemos a un lado los idiomas y volvamos a mi corazón roto; a partir de ahora se acabó el llorar y empieza la etapa de afrontar la realidad con la cabeza fría.
¿Qué es lo que me pasa?, simplemente, que no sé perder.
Me miro al espejo y me digo: "bonita tienes que aprender a aceptar que no siempre se consigue lo que uno quiere y a no llevarte estos sofocones tan grandes". Me lo digo con cara seria, así como intentando que aprenda la lección, pero en cuanto veo el cuadro de cara que se me ha quedado, me hecho a reir. No puedo evitarlo.
Así no hay manera de aprender de los errores.
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