Pues sí, aunque no lo parezca, estar triste tiene sus ventajas; ahí van algunos ejemplos:
1) Tengo que estudiar, no tengo ganas. Bueno, como estoy triste, me doy la tarde libre a ver si me animo. (O sea, que no doy un palo al agua).
2) Dieta, uff, no debería caer en la tentación del chocolate, pero como estoy triste, me doy un homenaje.
3) Estoy triste, no me apetece salir. Mejor, así no tengo que aguantar a la pesada de N. (Por cierto, ¿por qué mis amigos tienen unas novias tan tontas?)
4) Como no salgo no tengo que pensar en qué ponerme. ¡Qué alivio!. Que si ésto ya me lo puse hace dos semanas, y no voy a repetir modelo tan pronto, que si me pongo algo atrevido con el consiguiente ataque de celos de la tal N. y bronca en la pareja (no entiendo por qué las novias de mis amigos tienen celos de mí, si es vox populi que sólo tengo ojitos para el mamón de ....Bueno, ya sabéis). Que si hace frío y mejor algo cómodo... (Debería preocuparme, empiezo a sacrificar el ir sexy por el ir abrigada, cosas de la edad, ¡Ay madre!).
En fin, que todo son ventajas, oye.
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