Hoy he quedado con mi amiga Eva. Tenemos la tradición, desde el instituto, de quedar de vez en cuando para comer (siempre en el mismo sitio, que para algo es una tradición) y después ir al cine. Ahora ya no quedamos tanto, se casó y sus prioridades pasaron a ser otras. Tampoco ha habido cine, tenía la tarde reservada para ir con Rubén (el marido) a comprar el nuevo lavavajillas. Vamos, un planazo.
Pero me hacía falta verla y charlar sobre Dorian, al que, por cierto, ella nunca soportó. Así que está encantada con la situación, y su consejo fue el siguiente:
"Tú lo que tienes que hacer es buscarte un buen tío que te quiera y te trate bien".
Hala, ahí queda eso, como si fuera tan fácil.
Pero este post no va sobre Dorian (no quiero que su figura manche el blog nunca más), sino sobre Eva. Más concretamente, sobre su estado actual: está a dieta, otra vez.
Ella siempre ha sido gordita (y guapa), lo mismo que toda su familia. Y creo que desde que la conozco siempre ha estado a dieta. Pero siempre han sido dietas a base de pastillas y cosas así. Resumiendo, que nunca han sido eficaces. Supongo que la falta de ejercicio y bastantes precocinados tuvieron algo de culpa.
Bueno, pues como iba diciendo, hoy fuimos al "restaurante" de siempre, cierta hamburguesería muy conocida, por cierto. Y allí estaba yo, en la cola, preparada para pedir nuestro tradicional menú "me-lo-pone-todo-y-el-helado-de-chocolate-doble", cuando ella con cara de susto me dice:
"Quieta" (leer al estilo Chiquito). "¿Tú sabes las calorías que tiene todo eso?, claro, como tú estás delgadita....(aquí creí notar cierta mirada de envidia), a mí pídeme una ensaladita".
Creo que la cara de asombro que puse se reflejó en todos los espejos.
Luego me explicó que está a dieta (otra vez) porque Rubén le ha dado un toque de atención. ¡Toma ya! Eso sí que es un "buen tío que te cuide". (Por cierto, ¿alguien sabe por qué los casados engordan?).
El caso es que esta dieta es de las de verdad, de esas de contar calorías, lípidos, hidratos de carbono y demás ingredientes.
¡Hasta tiene un cuaderno en el que apunta lo que puede comer cada día!: "Si ahora como ésto, son X calorías, así que tendré que renunciar a ésto otro y a lo de más allá para no pasarme, entonces me sobran X-Y calorías, que me las puedo gastar en aquello, que además tiene pocos hidratos.....". Ojiplática me quedé, ni las más altas finanzas le llegan a la suela del zapato. También descubrí lo útil que es la calculadora del móvil. (¡Sólo le faltó calcular logaritmos!). Y lo peor de todo, nunca me he sentido tan culpable por comerme una hamburguesa y un helado de chocolate.
De vuelta a casa me he parado a pensar (malo, malo, malo) que desde que volví a estudiar hago una vida totalmente sedentaria y que como siga así también voy a engordar. ¡Horror, lo que le faltaba a mi autoestima!. Así que aquí me tenéis, calculando calorías yo también y descubriendo que al ritmo que llevo, dentro de tres meses tendré que renovar todo el vestuario.
Creo que me voy a poner a dieta yo también. (¿He comentado ya que carezco de personalidad?).
¿Cuantas calorías tendrá la tortilla de patatas que voy a cenar?.
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