Ya lo dejo claro en el título del post de hoy: no soy una persona cariñosa, o al menos no cariñosa al uso. Vamos, que no soy de las que van repartiendo besos y abrazos como la mujer esa de la India, ya sabéis a quien me refiero, "la abrazadora mundial". Se pasa todo el día dando abrazos, la pobre, debe llegar a la noche con un dolor de brazos.... Eso sí, dicen que reparte energía positiva, no sé, quizá debería ir a verla a ver si me toca algo, que buena falta me hace.
Ups, que me desvío del tema. Lo que quiero decir con la entrada de hoy, es que a mí no se me da bien exteriorizar los sentimientos, al menos en lo que se refiere al amor o al dolor, porque la alegría y la felicidad no las puedo disimular. Algo es algo. Seguramente es debido en parte a mi timidez, pero también tiene que ver con un profundo (o exagerado quizá) respeto hacia el espacio de los demás. Sin embargo, a pesar de no prodigar estos gestos de cariño, yo demuestro mi afecto mediante fórmulas mucho más sutiles y a las que se les puede dar menor importancia, por ejemplo, si alguien empieza en un nuevo trabajo, nunca faltará una llamada o un mensaje mío para desearle suerte la noche anterior y otro más la noche siguiente para preguntarle como fue el primer día, nunca olvido un cumpleaños.... Este tipo de cosas.
Sin embargo, a pesar de lo anterior, me encanta que me den "afecto físico", es decir, besos, achuchones y demás. Vamos, que me gusta que me soben. Y ojo, que no estoy hablando de amor, sólo de cariño. Y ésto me pasa con cualquier persona que conozca y me caiga bien. Bueno, no con todos. Sólo hay dos personas que me provocan el efecto contrario, que me dan asco.
Sí, ya sé que suena horrible, porque son dos personas a las que tengo mucho aprecio, pero es superior a mis fuerzas, no lo soporto. Una de ellas es mi primo Raúl, y el otro, mi amigo Carlos.
Lo del primero es mucho más grave, porque nos hemos criado juntos, es muy cariñoso y está siempre pegándome achuchones, haciéndome cosquillas y demás. Sin embargo, me gusta cuando lo hace su hermano David, que es igual o peor que él.
Con Carlos es distinto, él tampoco es muy cariñoso, es una persona bastante fría, pero también muy respetuosa, yo achaco a lo segundo el hecho de que casi nunca tenga un gesto físico conmigo. Pero a veces lo ha tenido, y he sentido la misma sensación de asco (no hay otra palabra para definirlo) que con Raúl. Además, ahora sé que Carlos está enamorado de mí, así que la cosa se complica aún más.
Este es un post atípico, pero me siento fatal por tener esos sentimientos y estar aguantándolos delante de ellos. Creo que soy una persona horrible.
Lo siento, tenía que desahogarme.
(Por cierto, Dorian sólo tuvo conmigo un gesto de esos una vez, hace ya varios meses, y sólo con éso ya fui feliz. Soy una ilusa).
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